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    2019-05-15

    En las lecturas contextualizadas por el entorno político el lado “afrancesado” de MGN es justificado. Para Carlos Monsiváis no solamente era el autor sino la ciudad que exaltaba su posibilidad de llegar amc 7 parecerse a París (2006: 39). Se presenta un cosmopolitismo y afrance-samiento que halaga al público consumidor de crónicas. Pero también el propio MGN trabajó para crearse una personalidad pública en la sociedad que así se lo exigía. Francia tenía que ser un modelo cultural probable que ayudara a resistir los embates de la influencia y amenaza imperialista norteamericana. Así diría MGN en un texto titulado “¡Francia!” (1880): “Todos los hombres de progreso, todos los hombres de la libertad, son ciudadanos de esa patria que se llama Francia” (2000: 48–49). Libertad, progreso y civilización, serían formas verbales de las consignas políticas de la época; y el espíritu francés, no solamente de molde literario, formó parte de los deseos de brillo de una burguesía que quería dejar de ser provinciana, que quería entrar, como la Nación (porque ellos eran la Nación), al concierto del mundo civilizado. Que algunos críticos lo despojaran de alguna ideología política, probablemente fue debido a que mucha de su producción periodística remite a crónicas sobre sucesos de la semana (estrenos teatrales, fiestas, farándula, entretenimientos populares) que aún algunos siguen considerando menores. No obstante, la variedad de la obra de MGN abarcó a un público mucho más amplio. Por la gama temática de su producción periodística se puede decir que el poeta básicamente escribió de todo, en distintos tonos y géneros, así como para un público diversificado; desde piezas que aparecieron como crónicas pero actualmente han sido abordadas como ensayos, hasta estampas, reflexiones o ficciones, con una amalgama de temas morales, sociales, políticos, literarios y de entretenimiento. Miles de páginas dan cuenta de su labor periodística y literaria. Es, como Carlos Monsiváis lo define, “el cronista por excelencia de la sociedad porfiriana en su etapa de ascenso” (1987: 760). La relación de MGN con el porfiriato, a hominid raíz precisamente de querer ver en el autor un interés por lo social y una crítica de la modernidad, por mucho tiempo quiso ser atenuada o ignorada. Sin embargo su ideología política ya estaba prefigurada en las crónicas de , específicamente en el texto “Los diplomátics no aplauden”, en el que MGN critica al periódico de oposición por no favorecer un discurso del presidente Díaz; así dice el cronista: “Y cuando el General Díaz expresa, como él sabe hacerlo, ideas patrióticas y levantadas; cuando habla con la elocuencia sana, vigorosa y sin afeites que tiene él, aplaudimos aunque se enoje y se enfurruñe nuestro tío el regañón, el viejo soldado que padece de gota, ” (1972: 221). El abierto apoyo a Porfirio Díaz que se desprende de la crónica citada, o en otra llamada “Por un olvido”, que aparece en la misma recopilación de Boyd. G. Carter, y en la que MGN justifica la reelección presidencial ya eran explícitas muestras de la militancia política del poeta. No fue sino hasta 1995, dice José María Martínez, después del Congreso Internacional celebrado en torno a MGN, que esta lectura política contextualizada de su obra ha ido ganando terreno, donde surgieron inter-pretaciones que lo vinculaban al espíritu del régimen, y que hicieron de Gutiérrez Nájera un ingrediente tan emblemático casi como el ferrocarril (2007: 208). Belem Clark de Lara menciona la actitud porfirista del escritor en su estudio (1998); a ella también se le debe, en coedición con Yolanda Bache Cortés, el tomo de (2000), a partir del cual resultan evidentes las inclinaciones políticas del escritor, pues la mayoría de estos textos corresponden a un apoyo y una apología del gobierno y la política positivista por parte de MGN. Fue a raíz, precisamente, de la publicación de las que la lectura política de las crónicas de MGN ha adquirido mayor peso. Así como la de Clark de Lara, una opinión más renovada es la interpretación de José María Martínez, quien ha estudiado a Nájera como porfirista acérrimo.