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    2019-06-12

    Importa recordar que el intelectual académico siempre se ha sentido incómodo en su propia piel. Leer y escribir rigurosamente pueden ser actos radicales en sí, pero la relación del intelectual y la academia suele exigir sospecha, mucho más que la del artista y el mercado, o la del político y el partido. Por otra parte, es muy posible que la idea del compromiso con una causa trascendental ya no defina una vida radicalizada pero el temor de perder inmediatez con lo político nunca está lejos, sobre todo para la juventud que contempla una vida intelectual. ¿Cómo nutrir o articular ese sentimiento para un latinoamericanismo de sujetos y proyectos en flujo constante que ahora es piloteado por el propio mercado? El vacío, si de eso se trata, nunca se llena del todo, pero se enfunda en el terreno de apuestas que oscilan entre lo teórico y lo ideológico, MDV3100 menudo articuladas desde binarismos orientados por la autoctonía, la autonomía, o el rechazo tajante de las mismas, usualmente en nombre de una comunidad por venir. Obviamente, se trata de un tema complejo que, sin embargo, tiende a rondar todavía entre valor de uso y valor de cambio, a pesar de que la nitidez implícita al “locus de enunciación” ahora tropieza con el álgebra del sujeto migrante. Si se piensa desde binarismos ideológicos, esa trampa conceptual que se repudia y cultiva al mismo tiempo, el latinoamericanismo gira en torno a dos bandos principales: los que se desviven por la idea de América Latina y el placer de ver sus naciones o regiones representadas en el mundo del conocimiento por un lado, y los que la ven como una fachada sostenida por una estrecha envoltura de identidades, tradiciones y estados anacrónicos por el otro. Obviamente, hay posiciones intermedias, resistentes o tangenciales, pero esta división alienta múltiples polos de atracción y definición, una fuerza tan primaria que se desborda sobre otros ejes conceptuales, aunque a veces éstos se asemejan sin saberlo. Me interesa por ello considerar los entramados de su interioridad, un aspecto que quizá complique sus bases implícitas. Uno de ellos podría situarse en el ámbito de becas que sujetan el campo de estudio, tanto en el plano nacional como internacional, un paso que siempre conlleva una iniciación de carácter ontológico. La beca implica una visa no sólo en el sentido primario de pasar aduana entre países, sino en cuanto permiso de entrada a Capsid los paradigmas universitarios, y aún más, a sus modos de pensar la subjetividad —nación, género y raza en particular— todo ello enmarcando eventualmente una vida inscrita en el quehacer de libros, revistas, congresos y blogs. Visto en estos términos, el orden letrado conforma una suerte de consulado que acuña el ingreso de migrantes académicos a un mundo de anhelos, suspiros e identidades encontradas, un cruce de fronteras afectivas e intelectuales difícil de articular. Una posible elaboración quizá se encuentre en el libro The Art of Transition: Latin American Culture and Neoliberal Crisis, de Francine Masiello, el cual nos insta a cotejar una raigambre desafiante de géneros, lenguajes y disciplinas desde diversas latitudes, un texto comprometido con la incomodidad conceptual del sujeto pensante que se encuentra dentro y fuera de la nación, la cultura y la política, consciente de que sin este rejuego creativo de sensibilidades contradictorias, el abordaje de América Latina se vuelve mucho más parcial o dogmático. La teoría literaria no se agota en este texto, ni se traslada a los nuevos contenidos de la historia, ni se anula ante la indagación de la teoría MDV3100 política. Acepta el desafío de una nueva poética, inestable pero ineludible desde el binomio género-nación. Otra instancia sería el libro Aquí América Latina: una especulación, de Josefina Ludmer, un ensayo marcado por la contradicción productiva de un intelectual académico que aborda la condición migratoria como epistemología, en gran medida marcado por el retorno de la autora a su país natal después de varias décadas de oficio en la universidad norteamericana. No busca retornar a lo autóctono o lo autónomo y sus verdades, ni tampoco rechazarlo en nombre de una comunidad teórica por venir, sino una percepción de ambos terrenos de producción a partir de la nueva literatura latinoamericana, la más reciente, un corpus sin estatuto apenas leído por la crítica en general. Especula sobre una América Latina que no entraña el fin de la nación o del Estado en un sentido abstracto, como han augurado muchos, sino una irradiación distinta de la ecuación lengua-literatura-nación, un cruce tercerizado e ilegal de lenguajes, economías y subjetividades, el entorno discursivo del deseo migrante al alcance de lo que antes se llamaba literatura.